- ¿Vamos a casarnos? - la miró entre enternecido y emocionado por su propia propuesta.
- Bueno, ¿cómo?
- Vos me das tu anillo...
- Mi... ¿mi anillo? - lo observó detenidamente con desconfianza, ¿su anillo?
- Sí, y yo... te tendría que dar uno, pero no lo tengo acá...
- Dame tu pulsera - volvió a mirarlo pero esta vez sonriéndole maliciosamente
- ¡No! - al ver la decepción aflorando en sus ojos recomenzó - No puedo mi amor...-
- Esta bien, te doy mi anillo, podemos compartirlo - suspiró ella resignada
- Entonces este fin de semana es mío, y después tuyo otra vez - contestó él, la velocidad de sus palabras fue aumentando a medida que crecía su sonrisa, y ella, embobada y estupefacta como estaba, no percibió cómo en ese juego infantil solo se compartiría lo suyo.
Le dio el anillo, él se lo probó en todos los dedos y finalmente terminó en su meñique, luego tomó su mano, sujetó su cintura y se recostaron sobre ese banco de plaza a mirar el cielo hasta que se rompiera el hechizo.

o.o Que lindo *-*
ResponderEliminarAy ay ay,
ResponderEliminarSiempre nosotras!
eso de el sacrificio asimétrico,
SIEMPRE, es el principio del fin.
Gracias chicas por leer esta "ficción" tan "metafórica" jaja
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