Ya dije que las metáforas son peligrosas. El amor empieza por una metáfora. Dicho de otro modo: el amor empieza en el momento en que una mujer inscribe su primera palabra en nuestra memoria poética. Milán Kundera
25.2.10
Coleccionista de miradas
Una mirada, la misma palabra dicha al unísono, casi susurrada, la infaltable risa que seguía a cada comentario disparatado que hacíamos. Éramos complices en un secreto de Estado, de nuestro Estado de lápices y migas de galletas, éramos confidentes en nuestra isla desierta. Mi sonrisa se ensanchaba y el brillo de nuestros ojos, ése no poder evitar mirarnos y volver a reirnos, a doblarnos sobre el pupitre y contener una carcajada. Y mientras nos incorporábamos por enésima vez, seguros de estar repuestos de nuestra incontenible hilaridad, volver a mirarnos y relajar el rostro. Relajar el gesto, relajar la risa, mirarnos y no reír. Mirarnos y sonreír. Sonreírnos. Gracias.
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