• no quiero soñar mil veces las mismas cosas, ni contemplarlas sabiamente, quiero que me trates suavemente... •
Ella se sentó sobre el borde a mirar el mar, con los pies colgando y rozando cada tanto el montón de piedras que yacían debajo. Necesitaba respirar ese aire, viciarse de ese sentimiento de paz y soledad del lugar durante mucho tiempo. No veía la hora de poder dejar de escuchar ese murmullo constante en su cabeza, quería dejar de pensar, de recordar... estaba harta de la ciudad, de su vida agitada, de su gente indolente, de todo. Se quería ir.
Pero no, todavía estaba allí... Con la cabeza en todo lo que había pasado, con la cabeza en cada una de esas calles, en cada momento, en cada uno de esos momentos...
Y sin embargo había vuelto al mar, contra toda lógica ya que sabía que allí su cuerpo sentiría el escalofrío de la memoria, sus pies volverían a sentir el suave contacto con la arena, su cara el constante roce con el viento, pero él no estaría allí como aquella vez, y sabía (porque sabía, estaba segura) que en cada roca vería su cara, sus nombres tallados y lo extrañaría, hasta finalmente sedarse. Hasta ya no sentir nada más que el mar, que el viento y que la arena, hasta sentir que sólo existían ella y el horizonte. Nada más.
Ya dije que las metáforas son peligrosas. El amor empieza por una metáfora. Dicho de otro modo: el amor empieza en el momento en que una mujer inscribe su primera palabra en nuestra memoria poética. Milán Kundera
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eeee, aca te re hago un comentarioo!!!! no se qe decirte, viste? te qieor mucho i tengo qe seguir trabajandooo, un beso salaminaaa
ResponderEliminaryo se qe no tiene nada qe ver, no? pero
ResponderEliminarme produce un tremendo sentimiento de paz este texto.
sea como sea, todo pasa, y la tormenta se calma, y vas a quedar entera,como vos decis :)
tq
No, sabés que sí tiene que ver... Porque mi idea era esa, transmitir (transmitirme tal vez) cierta sensación de paz, de reflexión, de me fui a la mierda :)
ResponderEliminarjaja