19.9.14

La nada misma

Día 1

No puedo creer que logré dormirme. Creo que eran las cuatro y media de la mañana la última vez que miré el reloj. Ahora son las seis y media y ya no quiero estar en la cama. Una fuerza invisible y que no pareciera salir de mí, ordena el departamento, prepara un desayuno para alguien a quien no le interesa más el sabor de las tostadas o el café. Deberes, deberes, deberes. En el sueño que aún se pasea conmigo mientras me muevo por la habitación, estabas vos. Vos y el Teatro Colón, pero no sé porqué estoy segura de ninguna de las dos cosas. No tengo imágenes, hay un puñado de sensaciones a la vez fuertes y apagadas. '¿Habré dormido más de una hora?'

Me siento a observar un lugar completamente limpio y vacío de anoche. Pareciera un volver a empezar. Fantaseo con la idea de que mi alumna no venga. No me siento preparada para hablar con nadie. Son las ocho de la mañana y tocan el timbre.

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Me cuesta llevar mi cuerpo. Siento los hombros desbalanceados, la columna enclenque. Los ojos vagos y distraídos en la nada.
Entro al subte, apoyo mi cabeza sobre el brazo que me mantiene parada.
Un par de ojos grises me observan brevemente. Tengo miedo que vean más de lo que pueden mirar. Yo sólo puedo distinguir una ausente mirada acusadora. Claros, oscuros, que más da. Intento que su mirada inexpresiva impacte en mi hombro y yo agacho la cabeza. Frente a mí, seis ojos castaños. Tal como con los míos, realmente no podría distinguir el iris de la pupila. Tal vez ni lo intento. Son ojos calmos en lo común, reposados en lo llano.

Llego y el clima de la música ya encendida es atormentador. No se supone que ya haya alguien y me extrañaría que hubieran dejando todas las luces y el reproductor encendidos desde anoche.
Las melodías se suceden encadenadas, cada una impregnando el ambiente de cada vez más nostalgia. Los sonidos no me tocan. En mi pecho crece una burbuja de sentimientos acaecidos y en su interior se atrincheran sensaciones incompletas, descoloridas, informes y maltrechas.

Miro un rostro en el espejo. La armonía de sus rasgos se ve desfigurada y la observo desgarbada y desprolija. Su imagen me deprime, '¿cuánto hacía que no era esto?' Mente sin entidad, pensar sin ojos, andar desenfocado.

Mi jefa me asigna un trabajo aburridísimo. Miro los papeles, miro la tijera, suspiro con pesar. No me siento capaz de hacerlo. Ella va y viene, en mi cabina el tiempo está detenido. 'Hoy te tocaron las manualidades', se ríe amablemente. 'Sí... pero no está mal. Así no pienso. Pensar es malo'. Intento sonar sarcástica, pero mi tono es amargo, no podría sonar más real. Ella se da cuenta, se detiene preocupada. Me pregunta si estoy bien, mi alma se estruja. Respiro con dificultad mientras me pregunta si alguien me rompió el corazón anoche. Desde mi nariz hasta la frente contengo las ganas de llorar. Por suerte, ella se entretiene en sus pensamientos, justo para darse cuenta que nunca me había preguntado si tengo novio. La palabra "novio" me suena tonta y vacía. Pienso en J. "Novio", que carga social superflua sobre interacciones tan complejas. 'Por supuesto que no tengo novio', pienso, '¿Cómo podría?'.
Le sonrío como puedo, le digo que no. Me defiendo evadiendo, es como si se formara rápidamente un caparazón sobre mí, y yo abajo, desesperada y transpirando frío, me muriera por gritar algo, por pedir un abrazo, pero no dijera nada. No pensar. '¿Cómo podría?'


Tiempo. Tiempo. Y. está hablando con la abogada en la cocina. Escucho la historia. Hoy parece no ser un buen día para nadie. Estoy tumbada en la silla, completamente incompetente como secretaria, tengo la vista clavada en un punto impreciso. Pienso en el rostro del espejo.

'¡Muchacha...! ¡Hablá más fuerte!' me dice Y., mi jefa. La abogada asiente. Sé que estoy consultándoles por el trabajo sólo por compromiso, porque en algún rincón de mi mente sé que no puedo estar sin hacer nada. Siempre que me siento débil mi voz se vuelve inaudible. Siento años viniendo a mi memoria y todos los 'hablá más fuerte' se acumulan en un solo pensamiento y duelen. Estoy cansada. Me designan el archivo. Este trabajo parece más complicado que el anterior. Me siento genuinamente desolada. No quiero tener que hacerlo, no puedo ni seguir escuchando las indicaciones. 'Por favor, déjenme ir, por favor'. Y. se va y me deja respirando fuerte, parpadeando más de lo necesario, girando mi cabeza en derredor. Me agacho para tomar la primer carpeta y la cercanía a mis rodillas se parece al lugar en que quería estar. Llevo horas intentando replegarme sobre mí misma para llorar. Mi mente se resiste, pero mi cuerpo no puede evitarlo. Los músculos de mi cara están rígidos y es el llanto más forzado que podría haber sido. Me duele que no pueda ser real. Intento olvidarme de mí y seguir trabajando.

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