24.8.10

Vos me habías dicho que sí, entonces me mandé, ¿viste?...
Después me dijiste que no, que la cosa venía complicada, que no salíamos nada. Y yo me quedé ahí sola, rebotando en una esquina entre el olvido y la nada y un qué se yo de cosas que flotaban entre la pared y yo.
Y al final apareciste. No, no ayer, esta tarde, para pedir disculpas a la antigua, para decirme varias cosas que me entraron por un oído y me salieron por el otro. Yo sólo vi una imagen parecida a la tuya, moviendo la cabeza y despidiéndose con la mano.
Me deprimí un poco, me dijeron después, pero yo no me di cuenta.
Vaya uno a saber, pasan tantas cosas que uno ya dejó de saber como mirarlas.

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