Estoy mal.
Y por mucho que me cueste te tengo que decir chau, porque no da para más, estoy muy sola y con el peso de tu recuerdo que me acompaña a todos lados, que me obsesiona. Y afuera de mí las cosas no salen bien tampoco. Y es nuestra culpa. El déficit de atención, la poca capacidad de concentración y la gran propensión a mandarme cagadas; todas, de alguna manera u otra terminan en vos.
Y la gente va y viene.
Y tengo problemas que no se solucionan con una charla entre amigos; que no tienen nada que ver con cambiar el semblante y sonreír un poco. Tengo problemas que no sé, cómo solucionar, porque no puedo sola, no se me ocurre, me siento impotente. De nuevo, sola.
Y como estoy sola venís vos.
Porque yo te llamo. En un plano real o imaginario te convoco. Con un estúpido mensaje o con el poder de mis recuerdos, me las ingenio para que estés ahí, impartiendo incertidumbre, desesperación, desasosiego por todo mi ser, llenándome la cabeza de otros males. De males que me hacen tan mal que vuelve intenso a cada problema, a cada pequeña situación, y aquí quedo, indefensa.
Pero no estoy lista.
No, seguro que no estoy lista para despedirme de vos, para empezar de nuevo. ¡Si tengo más de mil trabas! vos en sí, no sos mi problema. Mi problema es el no-vos que hay por todas partes, la sensación escurridiza de que, como la parca, sos la figuración de otros mil demonios; que venís me infundís tranquilidad y MIEDO y te vas.
¡Y sin embargo dijiste tan poco!
No dijiste nada, de hecho. Me traes dolores de cabeza, cuestiones, sólo por estar, o no estar. O escribir dos líneas impersonalísimas en un msj, o por el simple hecho de darme siempre una respuesta. Una. Una cualquiera, muy mala, lejos de mi historia de amor; pero tuya. Y eso me basta para que el ciclo vuelva a empezar.
Sos como mi droga.
Venís y de repente estoy tan feliz que no puedo manejarlo. Y sin embargo dejás al irte, una sensación amarga que de pronto va bajando. Y todo es tan intenso y tan surrealista que no puedo ver nada más que niebla, y ya no puedo recordar tu rostro (porque ya no puedo) y es evidente, que ya no estás, que te fuiste.
Y tengo un problema tras otro.
Que lejos de mantener mi cabeza alejada de vos, la conectan. La obligan a escapar, y terminar en lo que eras. Una ilusión tonta de mis recuerdos. Para volver al vicio y abandonar la realidad.
Pero bueno, aunque mucho sea lo que me cueste, aunque no esté preparada ni quiera, de alguna manera u otra; la palabra correcta es adiós.
Ya dije que las metáforas son peligrosas. El amor empieza por una metáfora. Dicho de otro modo: el amor empieza en el momento en que una mujer inscribe su primera palabra en nuestra memoria poética. Milán Kundera
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