No puedo creer todavía lo que pasó. No caigo.
Y lo peor, todavía no siento nada. Sé que todo está ahí, reprimido por mi cabeza que dice: "No te ilusiones, no te precipites, no hagas cagadas", pero no lo puedo soltar.
Tengo algunas imágenes pero no me animo a reconstruir en mi cabeza todas las escenas. Solamente hay un cuadro perdido en mi cabeza de tus labios rosas acercándose a mi boca por segunda vez y yo sabía que eso tenía que ser así, que siempre tendría que haber sido así. Tu boca con mi boca, juntas. En ese momento no sentí que fuera una circunstancia especial, sólo que era lo lógico, lo que debía pasar.
Como si estuviéramos condenados a estar juntos a pesar de todo.
Aunque hayan pasado casi dos años desde la última vez.
Ya dije que las metáforas son peligrosas. El amor empieza por una metáfora. Dicho de otro modo: el amor empieza en el momento en que una mujer inscribe su primera palabra en nuestra memoria poética. Milán Kundera
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